LA CASI SALVACIÓN DEL SUGUS AMARILLO

H era un niño de unos 10 años. Seguro consigo mismo pero inseguro con sus compañeros. Dentro de su escala de valores era un buen chaval que hacía cosas interesantes pero su escala de valores era totalmente opuesta a la de sus compañeros de clase también llamados a esa edad “amigos”.
Los niños de su entorno no le daban ningún tipo de importancia a los talentos de H. A menudo no solo los ignoraban sino que también eran motivo de escarnio. Marica, friki, raro, gilipollas, el que dice cosas raras, podrías irte a comer mierda con esos comentarios.

Por H no era un felizmente anacoreta, él quería formar parte de la sociedad, tener amigos. Por eso mismo mendigaba amor, buscaba amigo bajo las piedras y si tenía que fingir cualidades que no tenia para parecer más interesante, lo hacía.

Fingir valentía cuando se cagaban de miedo o ser más dócil o más generoso de lo que era eran sus clásicos para tener gente a su alrededor.

H acabó teniendo un grupo de amigos con los que hacía cosas. Las típicas cosas de niños que hacen los niños. Cosas. Pero jamás sintió que formarse parte del grupo, no era uno de los imprescindibles. Era como el que viene a calentarse al lado del fuego. El no dejaba de ser alguien que se acercaba a un grupo para sentir el calor. Pero el jamás inició el fuego ni lo apago.

Hombre mediada edad se acercó al parque donde H se encontraba con sus amigos. El hombre ofreció sugus a todos los niños. Ellos se abalanzaron sobre ellos.

H a pesar de llegar el primero fue el último en coger sugus. El que cogió en primer lugar, el de fresa, se lo cedió al niño alfa de la manada para que en un futuro quizás le perdonase una hostia. El segundo que cogió, el de melocotón, se lo cedió a un amigo que como él era un marginado y le daba un poco de pena. El tercero, el de uva, se lo cedió a una niña que quizás le hubiese gustado tener un interés en ella pero se lo cedió por eso de ser caballero.

Y así hasta quedarse con el último sugus: el amarillo, supuestamente de plátano…

El hombre decía: “son unos sugus especiales, no probaréis ninguno igual en el mundo”.

Los niños flipaban con ese sabor tan intenso y dulzón de la nueva versión de sugus que a pesar de tener el papel mal envuelto tenía un sabor estratosférico.

“Tú no comes H? Están buenísimos”, “Siempre tan rarito”, “Jajajajajaj H no se come el sugus”, “pobre, se ha quedado el amarillo, que pardillo”

“Si me gusta”

H fingió meterse el sugus en la boca. Fingió masticarlo y hasta fingió la resistencia que oponen cuando intentas abrir la boca después de que se te peguen entre los dientes.

El hombre invitó a todos los niños a subirse a la parte de atrás de una furgoneta roja.

Los llevó por la carretera hacía el bosque.

Poco a poco los niños se fueron durmiendo en el suelo.
H no tenía sueño.

“¿No tienes sueño tío?”, “Yo me voy a echar una siesta”.

Todos los niños se durmieron y H no tuvo más remedio que tumbarse fingiendo que también tenía sueño.

El coche paró, aparecieron varios hombres.

H estaba despierto y vio como los hombres desconocidos iban bajando los pantalones a los niños. No tenía ni pisca de sueño. Pudo haber salido corriendo. Podría haber gritado. Pudo.

Él quería formar parte de esa experiencia, no quería ser rarito. “El no violado”, “el inmaculado”.

Cerró los ojos y se dejó llevar.

La policía tomó declaración de todos los niños cuando aparecieron en medio de la plaza del pueblo somnolientos 4 horas después.

Todos los niños aseguraban que se lo habían pasado en grande: sugus y paseo en coche.

H susurró que lo habían violado.

“Tu siempre tan rarito”, “solo te podía pasar a ti”, “menudo gilipollas!” “no me toques que seguro que aún tienes semen!”.

Y ni nada más ni nada menos eso es Senyor Histrionico. El sugus de color amarillo que viene para advertirte de la catástrofe pero el impulso hacia la desgracia es tan fuerte, que se queda en una anécdota.

Machismo como comunión espiritual entre civilizaciones

Los humanos queremos formar parte de un grupo para poder luchar, esclavizar y sucumbir a otros grupos supuestamente más débiles y aprovecharnos de su trabajo.

Pero la paradoja está en que identificamos la esclavitud o la sumisión con como algo negativo y por eso entramos en terrenos muy complejos para justificar nuestras atrocidades. Color de pie, lugar de procedencia, invención de dioses, razones históricas…

Todo, para tener el que no estamos dispuestos a sudar.

Entre tantas sumisiones la más transversal ha sido y sigue siendo el machismo, la clásica, fácil y evidente división entre hombre y mujer.

En el Raval presencie como un local, un español, lo que denominaríamos como un cerdito ibérico: mediana edad, español de pura cepa, bajito calvo, hablaba a gritos con un paquistaní: “¿Cómo lo haces para controlar a tu mujer? ¡La mía no me hace caso, los moros si que lo sabéis hacer bien! ¡Dando duro!

Unos comentarios machistas se convirtieron en unos golpecillos en la espalda y unas risas. Un presunto yihadista que la mañana anterior planeaba como reventar la sociedad occidental y un cerdito ibérico que, al ser más cobarde jamás agarraría un palo para apalear a moros, pero que sigue buscando la alternativa política que legalice la castración química de musulmanes, compartieran unas risas.

Hubo una conexión entre culturas de miles de kilómetros. Uno quizás se planteó que la castración química es un poco radical, y el otro que quizás hay cosas en occidente que le resultan familiares.

Un chiste machista tendiendo puentes entre dos enemigos naturales.

HIZO MÁS UN INSULTO A UNA MUJER QUE 5 CUMBRES DE LA ONU.

LA NUEVA INTIFADA PASA POR JORGE CREMADAS.

DONALD TRUMP HACIENDOSE AMIGO DE KIM JONG UN.

Subsaharianos gritando chistes machistas en Gibraltar. La única forma de que los guardia civiles empaticen con ellos y se apiaden de sus almas.

“LAS MUJERES SON COMO LAS BALDOSAS”.

“Este me lo sé” grita el guardia civil y completa: “SI LE PEGAS BIEN LA PRIMERA VEZ, NO SE MOVERÁ EN TODA LA VIDA”.

JUASJUASJUAS.

Unas risas en el estrecho.

NO DAMOS LIMOSNA A LOS SIN TECHO PORQUE SE LO GASTARÁN EN DROGA

Cuando un sin techo nos pide limosna nuestra reacción instantánea es decir que no. Es un gesto heredado de padres a hijos.

No des dinero a un sin techo porque se lo gastará en droga. Eso me enseñó mi padre: buen samaritano, cristiano y marxista, posiblemente la combinación ideológica más altruista y moralmente buena. Hombre de sufrir y rezar.

Un gesto heredado de generación en generación. Que excusa ponía mi tatarabuelo a mi abuelo cuando en esa época no existían las drogas como las conocemos ahora?
Seguramente utilizaban cliché del mal del momento que ahora es la droga.
“No le des dinero que se lo gastara en hundir Espanya.”

NOTA: OJALÁ, DAR DINERO PARA HACER EL MAL. UN SIN TECHO TE DICE, DAME DINERO Y YO ME ENCARGO DE CARGAR ESTE PUTO SISTEMA, YO LE VACÍO LA CARTERA.

Pero no le damos dinero aun sin techo porque se lo gastará en droga. Eso nos han dicho. Jamás hemos visto a un sin techo comprar droga con el dinero que le damos ni pensamos cuánto tiempo le llevaría poderse comprar un chute con la limosna que le damos.

NOTA: un heroinómano necesita gastarse 115 euros de media al día para meterse la heroína que necesita. ¿Qué hará con 20 céntimos?

Cierto que quizás se meta droga en las venas con el dinero que le damos pero pensándolo inteligentemente simplemente lo ayudaremos a subir su economía general y quizás una parte de ese dinero irá a parar en drogas. Tan solo quizás.

Pero eso partiendo de la base que se mete droga. ¿Quiénes somos nosotros para jugar a los detectives de en qué se gastará el dinero ese hombre que se ha ganado con el sudor de su frente?

Como si nuestros jefes a la hora de pagarnos nos dijeran: “Te pago 300 euros menos porque sé que eso te lo gastarías en cervezas y porros”. ¿QUIÉN COÑO ES EL PAR DECIRNOS EN QUE DEBEMOS GASTARNOS EL DINERO QUE HEMOS GANADO?

Porque pedir durante horas en la calle también es un trabajo, PORQUE TODOS LOS TRABAJOS SON HACER ALGO INÚTIL PARA QUE TU JEFE TE DE TU LIMOSNA AL FIN DE TU DÍA.

Y en caso de que consideres pedir limosna un trabajo, ¿Quiénes somos nosotros para decir a los demás como tiene que vivir su vida? ¿A caso a nosotros sabemos cómo se debe vivir? ¿Acaso miles de personas que han seguido nuestros pasos se han tirado a la vía del METRO? ¿Acaso somos felices con nuestras tristes vidas alienadas atados a la cadena de producción y consumo?

No es eso, será que queremos que se gane el dinero que le damos en las cosas que nosotros queremos. ¡Ah! tristes paternalistas nosotros.

Lo que realmente pasa es que no queremos creer que el hombre se lo gastará en comida. No queremos creer que quizás no está en esa situación accidentalmente. Queremos creer que está en la indigencia porque se lo merece, porque no ha sido fuerte ni valiente. Porque no ha querido trabajar y se ha metido más de lo que debería. Porque así nos sentimos seguros. Nos alegra saber que nosotros jamás podremos caer donde él ha caído porque nosotros no vamos a cometer sus errores. No vamos a pensar jamás que quizás es el sistema que nosotros mismos alimentamos el que la mandó a la calle. Que no somos cómplices del robo sistemático a los más débiles. Nosotros somos gente de bien que hace lo que debe y por eso somos el que se siente en el metro y dice que no al otro con cara de: “no pienso contribuir a tu drogodependencia”.

Como si no hubiera tan solo una distancia de 3 desgracias entre él y nosotros.

Algunos seguirán con la canción de si le doy a él le tendré que dar a todos y no llegaré a fin de mes. Dar a todos, como si defendiese aquí arruinarse a través de la caridad. Ni un mÍsero euro. Algo que no nos afectaría para nada. Pero nosotros seguimos creyendo que este sistema funciona, que tenemos un buen trabajo, que si luchamos llegaremos lejos y que el mendigo se gastará nuestro euro en droga.

Magia.

INMIGRANTE POR VOLUNTAD

O cómo puedes hacerte millonario con un mechero y una barca del Decathlon.

Antonio, de clase media trabajadora pero con una visión diáfana de los problemas socio económicos culturales del país está indignado porque los inmigrantes sin papeles reciben más ayudas que él y su familia. Los hijos de los inmigrantes tendrán más oportunidades que los suyos y las mujeres de las inmigrantes le parecen más guapas que su propia mujer.

Pero Antonio es listo. Sabe que al estado no se le puede atacar y no quiere caer en el error del facha medio: atacar a los inmigrantes. El por encima de todo es socialista.

Antonio reúne a sus dos hijas y a su mujer en la cocina con todos los papeles identificativos de la familia. Queman carteras, tarjetas de crédito, pasaportes y DNIs.

Se suben al coche con la barquita inflable que compraron el año pasado para las niñas en el Decathlon y se van para la playa más cercana.

Antonio y toda su familia se adentran entre turistas en el plácido mar mediterráneo. Antonio rema horas y horas como si no hubiese mañana hasta llegar lo más lejos que ha podido de la costa.

Ahí espera su turno para ser rescatado por los guardacostas y recibir una nueva oportunidad en su propio país.

Toda su familia tiene las frases preparadas: “Io no hablar españolo”, “mi ser inmigrante, no tener papeles”, Io durum kebab servesa bier amigo”, “quiero mi pensión, ser musulmán”.

El sol machaca las pieles de la familia de Antonio, pero él sabe que cuando más morenos más fácil será recibir las ayudas.

Y esperan.

Y esperan.

Hasta que Antonio, sus dos hijas de 7 y 10 años y su mujer mueren por insolación, de hambre o ahogados.

A nadie le importa como a nadie le importa como se mueren los demás. A nadie le importa porque solo ellos presenciaron su propia desgracia.

DALE A LIKE, COMENTA QUE TE PARECIÓ LA ACCIÓN DE ANTONIO. DEMASIADO ARRIESGADO EL MOVIMIENTO PARA LOS BENEFICIOS QUE IBA A RECIBIR? SE IBA A CREER EL ESTADO ESPAÑOL QUE ERAN INMIGRANTES Y EN CONSECUENCIA LES IBAN A DAR MUCHO DINERO? O POR LO CONTRARIO CREES QUE SE NECESITA MÁS PREPARACIÓN PARA PARECER UN INMIGRANTE?

El Renacimiento 01×01

El mundo tal y como lo conocemos se ha destruido. Sólo quedan tres individuos en un sótano comentando todo lo que hicimos mal como sociedad. Beñat Revuelta, Guillem Miró y Ariel Fernández son los supervivientes. Al no haber oyentes que los escuchen, sus reflexiones se pierden en el aire sin miedo al que dirán ni a la censura.

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